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Tener presencia en el ciberespacio es algo ineludible para cualquier empresa, sin importar su tamaño, facturación o actividad. Una compañía que no tiene su propia página web pierde seriedad y no resulta confiable, ya que el sitio corporativo supone su carta de presentación. La presencia virtual resulta, a esta altura, casi tan importante como las instalaciones físicas.

Lo fundamental es reconocer que, más allá del deseo y la voluntad para marcar el territorio en la Web, hay varios factores a tener en cuenta, como el registro del dominio y el diseño de la página web. Existe, sin embargo, otra cuestión clave que no debe descuidarse: el servicio de hosting.

Se conoce como alojamiento web o web hosting al servicio que permite almacenar información en un servidor para que ésta sea accesible a través de la Red. Una página web, por lo tanto, necesita de un servicio de hosting que almacene sus contenidos (textos, imágenes, vídeo, audio, etc.). La oferta del mercado incluye opciones gratuitas que se financian a través de la inserción obligatoria de publicidad en la página web y que suelen ser limitadas en cuanto a espacio para alojar los archivos y capacidad de transferencia.

Los servicios gratuitos de hosting, por lo tanto, son una alternativa válida para las páginas web que no tienen intención comercial. La inclusión de publicidad, la imposibilidad de utilizar un dominio propio (algo que suele ser frecuente en los web hosting sin cargo) y el escaso o nulo soporte técnico hacen que las empresas tengan que apuntar a las opciones de pago.

Contratar un servicio de hosting, pues, es necesario en el mundo de los negocios. Si nuestra empresa es una Pyme, no habrá que preocuparse por obtener una tasa de transferencia demasiado elevada, ya que, no hay que engañarse, es poco probable que recibamos miles de visitas al mes. Es preferible centrar la atención en la calidad del soporte técnico del proveedor, la estabilidad de sus servidores, la velocidad de transferencia, la cantidad y capacidad de las cuentas de correo y la posibilidad de realizar copias de seguridad de nuestros contenidos, por ejemplo.

Lo recomendable es contratar el servicio de hosting una vez que tengamos terminada nuestra página. En ese momento, cuando ya tenemos definido el diseño, los formatos utilizados y el caudal de archivos, sabremos qué necesidades tenemos en cuanto a hosting. Una página web de un estudio audiovisual, por ejemplo, necesitará de mayor espacio en el servidor ya que es probable que desee incluir animaciones o un portafolio con sus trabajos. Una empresa que sólo quiere publicar textos y unas pocas imágenes, en cambio, puede conformarse con menos espacio (y, por lo tanto, contratar un plan de hosting más económico). La cuestión, en definitiva, pasa por analizar nuestras necesidades reales y decidir en consecuencia.