
Fruto de la última escalada de anuncios y acontecimientos, especialmente tras F8, la conferencia de desarrolladores de Facebook, no han sido pocos los que han vaticinado la futura socialización global de la red, de mano por supuesto de la compañía de Zuckerberg. Detrás de sus últimos movimientos, muchos quieren ver la mano del diablo, esa insaciable codicia de las corporaciones que se han hecho demasiado grandes como para seguir pensando en el bien de sus usuarios/clientes, antes que en el suyo propio.
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Son muy pocas las empresas que disponen de recursos para crear e implantar tecnologías sociales. La gran mayor parte de las PYMES debe trabajar con socios estratégicos externos; proveedores muy heterogéneos entre los cuales puede haber: empresas de soluciones tecnológicas especializadas en comunidades, desarrolladores que diseñan aplicaciones y grandes portales de contenidos que pueden albergar comunidades y aplicaciones.
Debe asegurarse de que elige a alguien que entiende su marca y su empresa. Y esta debe ser la condición más importante que le debe exigir, por encima incluso de que haya realizado múltiples aplicaciones con anterioridad. Diseñar y poner en marcha una estrategia social es difícil, en primer lugar por la escasez de modelos y precedentes que sirvan de inspiración, pero es imprescindible que su proveedor entienda su filosofía, su identidad y sus objetivos. De esta manera podrá trasladar todo ello correctamente a las tecnologías sociales. No acepte modelos demasiado rígidos, el peor pecado en el que pueden caer las agencias de marketing en la actualidad es el de pretender venderle a los clientes un formato predefinido para hacer exitosas sus estrategias de comunicación. Una agencia que presta un servicio profesional confecciona trajes a medida para sus clientes.
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Así como a la hora de contratar a un repartidor de pizza los dueños de un local no incluyen entre sus pretensiones que el candidato sepa utilizar Internet o tenga experiencia como blogger, aquel que decide empezar con su propia empresa o desarrollar un pequeño emprendimiento comercial no está obligado a poseer conocimientos informáticos.
Sin embargo, como ya hemos explicado en ocasiones anteriores, dominar las herramientas tecnológicas y saber utilizarlas a favor de los intereses de uno mismo es, sin duda, una ventaja que puede llegar a marcar la diferencia entre una compañía y otra.
Si bien es cierto que el cliente centra su atención en el producto o servicio ofrecido y no establece su relación con el proveedor en base a los conocimientos que éste pueda tener sobre el mundo online, la presencia de una firma en la Red siempre es valorada por los consumidores.
Aunque no es un requisito indispensable ni es sinónimo de éxito perdurable, la realidad muestra que una empresa que lanza su página web para contar su historia, describir sus prestaciones y mantener un contacto fluido con sus clientes y potenciales compradores a través de formularios y envío de newsletters, tiene mayores posibilidades de triunfar en el mercado.
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