
Así como a la hora de contratar a un repartidor de pizza los dueños de un local no incluyen entre sus pretensiones que el candidato sepa utilizar Internet o tenga experiencia como blogger, aquel que decide empezar con su propia empresa o desarrollar un pequeño emprendimiento comercial no está obligado a poseer conocimientos informáticos.
Sin embargo, como ya hemos explicado en ocasiones anteriores, dominar las herramientas tecnológicas y saber utilizarlas a favor de los intereses de uno mismo es, sin duda, una ventaja que puede llegar a marcar la diferencia entre una compañía y otra.
Si bien es cierto que el cliente centra su atención en el producto o servicio ofrecido y no establece su relación con el proveedor en base a los conocimientos que éste pueda tener sobre el mundo online, la presencia de una firma en la Red siempre es valorada por los consumidores.
Aunque no es un requisito indispensable ni es sinónimo de éxito perdurable, la realidad muestra que una empresa que lanza su página web para contar su historia, describir sus prestaciones y mantener un contacto fluido con sus clientes y potenciales compradores a través de formularios y envío de newsletters, tiene mayores posibilidades de triunfar en el mercado.
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